La seguridad humana
Este texto es un extracto del libro “La guerra y la paz. Enfoque contemporáneo sobre la seguridad y la estrategia” de Charles-Philippe David. Icaria, 2008.
Charles-Philippe David es profesor de Ciencias Políticas, titular de la Cátedra Raoul-Dandurand en estudios estratégicos y diplomáticos y director del Observatorio sobre los Estados Unidos, en la Universiad de Québec en Montréal.
La seguridad estatal hace referencia a un territorio, a una población y a un gobierno. Por el contrario, el perfil de la seguridad humana está menos definido, en la medida en que no existe una definición precisa y generalmente aceptada (para una visión de conjunto ver: Paris, 2001a; Acharya, 2001; Rioux, 2002; Thomas y Tow, 2002; Owen, 2004). Como sostiene con razón Roland Paris (2001a), la expresión seguridad «humana» es vaga, elástica y comprende numerosas consideraciones que van desde las preocupaciones alimentarias a la supervivencia de comunidades. Por ello, según Taylor Owen (2004, p. 383), la seguridad humana comprende «la protección de todos los individuos de las amenazas ambientales, económicas, alimentarias, médicas, personales y políticas». Abordada desde este punto de vista, según Paris, la seguridad humana se asemeja a una etiqueta para toda una categoría de investigaciones sobre las amenazas no militares a la seguridad de los individuos, grupos o sociedades. Estas investigaciones se desmarcan de esta forma de los trabajos clásicos sobre la protección de los Estados frente a las amenazas externas. La seguridad humana se distingue esencialmente por el hecho de que tiene por objeto la protección del individuo y no la protección del Estado, y por el hecho de que las amenazas provienen al mismo tiempo del exterior y del interior de los Estados. El concepto, subraya Dominique David (200, p. 502), «hace la alianza entre la salvaguarda contra las violencias puntuales y la salvaguarda respecto de las amenazas crónicas […] Cada vez más frecuentemente es tomado como referencia por la ONU, que de este modo hace recordar que la seguridad debe ir mucho más allá de la defensa militar de los territorios». La seguridad humana, según Fen Hampson (2002, p. 4), representa «una aspiración compartida que tiene por objeto promover y hacer progresar los derechos humanos, especialmente de manera que los individuos cuya seguridad física y bienestar sean amenazados puedan ponerse fuera de peligro». Finalmente, la seguridad humana es, según Peter Liotta (2002), fundamental para la seguridad nacional en la era posterior al 11 de septiembre. Las dos dimensiones son, desde ahora, de igual importancia para contrarrestar las amenazas y las vulnerabilidades que debilitan la soberanía estatal.
La seguridad humana se ha convertido en el concepto central de la formulación de las políticas gubernamentales e internacionales, especialmente de la «responsabilidad de proteger», como lo atestiguan los informes de la Comisión Internacional sobre Intervención y Soberanía de los Estados (CIISE, 2001), y del Grupo de personalidades de alto nivel sobre las amenazas, desafíos y cambios (2000). Ya después de la intervención de la OTAN contra Serbia, en junio de 1999, el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, declaraba en Le Monde que «el ser humano está en el centro de todo. El propio concepto de soberanía nacional fue concebido para proteger al individuo, que es la razón de ser del Estado, y no a la inversa. No se puede seguir aceptando que haya gobiernos que engañan, que se burlan de los derechos de sus ciudadanos con el pretexto de la soberanía». Este significado de la seguridad, abocada a los individuos, arraiga poco a poco en el discurso oficial. Sin embargo, en la investigación, este concepto existe desde hace muy poco y quedó expresado mediante cinco respuestas teóricas al realismo y al modelo westfaliano.
-La primera se remonta a los escritos de Johan Galtung y a sus investigaciones sobre la paz (1969, 1985). Para este gran autor noruego, el enfoque realista de la paz por la negación («la paz es la ausencia de la violencia organizada») debe ser corregido por un enfoque positivo de la paz. Lo vincula con la búsqueda de una justicia social y con los factores de cooperación e integración entre grupos humanos, susceptibles de borrar la violencia estructural que emana del Estado. Los críticos, cuarenta años más tarde, retoman casi textualmente las mismas palabras.
-La segunda fue formulada por John Burton (1972), quien explica que un buen número de conflictos se originaron por la privatización de las necesidades humanas individuales y ofrece una visión de la sociedad mundial fundamentada en la paz, la justicia y el bienestar —visión que precede a las escuelas críticas de seguridad de los años noventa—.
-La tercera proviene del enfoque liberal estadounidense, especialmente de Lester Brown (1977) y Richard Ullman (1983), quienes asocian la seguridad a las amenazas que disminuirían la calidad de vida de los habitantes de un Estado (alejándose con esto de las definiciones realistas centradas sólo en las dimensiones militares). El análisis de Brown y Ullman fue seguido por los de otros autores, que opinan que las amenazas no militares pueden poner en peligro el bienestar de las poblaciones y, últimamente, la seguridad (entre otros Mathews, 1989; Buzan, 1991 y Myers, 1993). Examinaremos más a fondo las diferentes tesis y soluciones propuestas por esta corriente.
-El cuarto cuestionamiento, más enérgico, proviene de las escuelas críticas de seguridad que, desde la última década, han avivado el debate con el problema del sujeto de la seguridad. Se considera que ésta debe ser accesible para la emancipación de los seres humanos, en detrimento y en contra de los Estados, cuando estos pongan trabas a dicha emancipación (Booth, 1991, 2005; Bilgin, 2003). El objetivo que quiere alcanzar la seguridad debe ser el individuo y no el Estado, para Krause y Williams (1997) e incluso para Dalby (2000). Los seres humanos forman parte de una comunidad de valores y expresan necesidades que trascienden las soberanías. El punto de vista crítico implica el abandono de un análisis centrado en el Estado, militar, de los problemas de la seguridad.
-Finalmente, los constructivistas sostienen que la seguridad humana corresponde a una reconstrucción de las normas, así como a un cambio de comportamiento en el seno del sistema internacional, que hace que los diferentes actores (incluyendo los Estados) favorezcan e institucionalicen las intervenciones humanitarias desafiando las nociones de interés, poder y soberanía (Finmore, 1996).
La expresión seguridad humana fue utilizada oficialmente por primera vez en 1994, en un informe preparado por el PNUD sobre el desarrollo humano (el término será retomado en el informe de la Comisión Ramphal de 1995, sobre la gobernanza global). El PNUD recomendaba una transición conceptual profunda de la «seguridad nuclear», por lo tanto militar, hacia la «seguridad humana». «Para la mayor parte de la gente, el sentimiento de inseguridad surge preferentemente de la vida cotidiana más que de un acontecimiento apocalíptico mundial.» (PNUD; 1994, p. 229). Además de numerosas OIG y ONG, gobiernos como el de Canadá retomaron posteriormente este concepto para convertirlo en uno de los objetivos de su política exterior (Gervais y Roussel, 1998). Es así como Ottawa es, desde 1995, el campeón de la «seguridad humana», definida como «la protección de los individuos contra las amenazas, estén acompañadas o no de violencia»; «una empresa destinada a construir una sociedad mundial, una sociedad donde la seguridad del individuo está en el centro de las prioridades internacionales y se convierte en la motivación de la acción internacional, una sociedad donde las normas humanitarias internacionales y las reglas del Derecho progresan y constituyen una red sólidamente tejida que protege a los individuos» (Axworthy, 1999).
La «seguridad humana», de alcance universal, fundamentada en la interdependencia, centrada en la prevención y cuyo eje son los individuos, disminuye la importancia de los territorios y acentúa la atención sobre las poblaciones; abandona el enfoque (realista) de la seguridad militar para sustituirlo por el (liberal) del desarrollo duradero y la intervención humanitaria. La seguridad humana es concebida y aplicada de tres formas complementarias. En primer lugar, refleja y apoya una concepción jurídica de la seguridad. Los derechos humanos y de las minorías deben ser respetados, bajo pena de que el Estado culpable pueda ser sancionado. En segundo lugar, la seguridad humana aplica el punto de vista humanitario. Los no combatientes no deben ser víctimas de las guerras y los Estados tienen la responsabilidad de intervenir para prevenir, contener o reprimir, dado el caso, las masacres y a los genocidas. La asistencia a los refugiados es especialmente requerida. Por último, la seguridad humana promueve una intervención socioeconómica, ya que trata de resolver las causas profundas de los conflictos armados y la violencia. La seguridad humana incluye, por consiguiente, la seguridad personal, política, colectiva, económica, alimentaria, ambiental y de los cuidados de la salud: ¡un proyecto ambicioso! Liberales, críticos e idealistas saborean este concepto, mientras que los realistas continúan sin hacerle caso. En realidad, la seguridad humana es la culminación de dos evoluciones destacables.
1. La seguridad humana concreta una voluntad internacional de injerencia, a pesar o en contra de la soberanía estatal, cuando las poblaciones están desesperadas o en peligro, debido o no a un problema militar de seguridad. La injerencia humanitaria se erigió, desde el comienzo de los años noventa, en derecho o deber de injerencia. «Cuando [las] personas están en peligro, el socorro, la ayuda a las víctimas debe ser prioritaria sobre cualquier otro principio, o cualquier otra preocupación.» (Moreau Defarges, 1997, p. 58) Ha sido codificada por el Consejo de Seguridad de la ONU varias veces para aportar ayuda, imponerla según la necesidad, cuando la situación lo exige y el Estado afectado no puede (o no quiere) corregir la situación (Iraq, Somalia, Ruanda, Sudán, ex-Yugoslavia). Por otra parte, la injerencia humanitaria se acompaña de la afirmación de los derechos universales de las personas (codificada por la declaración de las Naciones Unidas de 1948). Esta afirmación está en el origen de varias tentativas importantes de democratización de Estados, cuando éstos despreciaron los derechos humanos (Europa del Este a fines de los años ochenta, Ucrania a comienzos del año 2000). En todos los casos, el Estado había dejado de ser el único protector, reconocido como legítimo, de su sociedad. El Derecho Internacional, al prestar su firme apoyo a la causa de la seguridad humana, autoriza la injerencia en los dominios tradicionalmente reservados a los Estados (Glennon, 1999; Feinstein y Slaughter, 2004). Con la emancipación de las personas, recuerda Roche, el Estado ve reducir sus prerrogativas y aumentar substancialmente las de la comunidad internacional (1996, pp. 217-218).
2. La seguridad humana destaca la separación entre la seguridad del individuo y la del Estado, un vínculo, sin embargo, considerado inmutable en la concepción westfaliana del sistema internacional. El Estado debe cuidar de sus ciudadanos, y si no pudiera cumplir con esta tarea o se negara a realizarla, faltaría entonces a su deber. Puede, de hecho, constituir la principal amenaza contra su propia población, ya sea a causa de su dominación o bien porque es demasiado débil para asegurar su autoridad y asumir sus responsabilidades. Esta explicación pone de relieve lo que Barry Buzan ha llamado la «seguridad ‘societal’»: «La mayor parte de los ciudadanos afrontan amenazas que emanan directa o indirectamente del Estado» (1991, p. 44). La inseguridad “societal” existe cuando las comunidades perciben alguna situación delicada, como una amenaza a su supervivencia, en tanto que comunidad, agregan Buzan, Wæver y De Wilde (1998, p. 119). Las amenazas provienen de todos los ámbitos de la actividad humana, como los descritos en el informe del PNUD. Amenazas y vulnerabilidades, en el contexto de una sociedad, provocan una redefinición y una ampliación de la visión de la seguridad que incluye en este momento cuestiones tales como: la lucha contra la corrupción, el tráfico de seres humanos, la propagación del sida, los riesgos de una pandemia, las catástrofes naturales, la pobreza y la desnutrición (en particular de los niños), la inseguridad personal causada por la criminalidad, la violencia contra las mujeres y el esclavismo sexual. Todas estas amenazas son muy graves para la seguridad humana. Este punto de vista cuestiona también la capacidad del Estado para garantizarla y sostiene incluso que es en muchos casos la principal causa de inseguridad. Las cosas se complican, sin embargo, cuando aparecen actores nuevos que se aprovechan de la debilidad o de la ausencia de control estatal, poniendo en peligro, en igual medida o aún más que los Estados, la seguridad de las personas que se supone que favorecen.
Extracto del Libro “La guerra y la paz” de Charles-Philippe David. Icaria, 2008. 126-131.