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El concepto de seguridad humana

Foto de Fernando Vergara/AFP/Getty ImagesMientras las concepciones convencionales de seguridad privilegian la seguridad de los Estados, el concepto de seguridad humana hace énfasis en la seguridad de las personas. Teóricamente se trata de dos conceptos complementarios, aunque en la práctica las políticas inspiradas en el concepto de seguridad nacional pueden perjudicar la seguridad humana de las personas.

Como alega Charles Philippe David, titular de la Cátedra Raoul-Dandurand en estudios estratégicos y diplomáticos en la Universidad de Québec en Montréal, “la seguridad humana, de alcance universal, fundamentada en la interdependencia, centrada en la prevención y cuyo eje son los individuos, disminuye la importancia de los territorios y acentúa la atención sobre las poblaciones; abandona el enfoque (realista) de la seguridad militar para sustituirlo por el (liberal) del desarrollo duradero y la intervención humanitaria” (+más).
Una vez superados los condicionantes de la bipolaridad de la guerra fría, Naciones Unidas ha tenido un papel destacado en el proceso de definición de nuevos conceptos de seguridad. El concepto de seguridad humana apareció por primera vez en el 1994 y está íntimamente ligado al concepto de desarrollo humano, impulsado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El concepto de seguridad humana, promovido por Naciones Unidas hace una definición amplia de la seguridad humana, la que se conoce bajo el lema “libertad de temores y libertad de necesidades” (freedom from fear and freedom from want). Esta cuenta con siete componentes: seguridad económica, seguridad alimentaria, seguridad de la salud, seguridad ambiental, seguridad personal, seguridad de la comunidad, y seguridad política. Existen numerosas críticas respecto a la vaguedad del concepto, aunque por otro lado se reconoce su capacidad para integrar las agendas de la paz y del desarrollo.

¿Cómo se traduce el concepto de seguridad humana a estrategias y políticas concretas de diferentes actores políticos? La Unión Europea actualmente se encuentra en un proceso de definición de un enfoque de seguridad humana, cuyo desarrollo se considera una necesidad imperante ante las aspiraciones de convertirse en un actor global político. En el “Barcelona Report on European Security” de 2004 se propuso que el enfoque de seguridad humana sería la estrategia de seguridad más apropiada para la UE. El informe siguiente “A European Way of Security” que se presentó a finales de 2007 concluye que en pos del Tratado de Lisboa y la “guerra global contra del terrorismo”, la Unión Europea debería definir un camino propio europeo de seguridad, basado en los principios de la seguridad humana. Estos incluyen la primacía de los derechos humanos, la autoridad política legítima, un enfoque bottom-up, un multilateralismo eficaz, un enfoque regional integrado, una línea estratégica clara y transparente.

En América Latina, por otro lado, existe una actitud más bien crítica frente al concepto de seguridad humana. Según Bernardo Sorj, Profesor de Sociología de la Universidad Federal de Río de Janeiro, “la perspectiva de seguridad humana se ve como un intento para volver a subordinar la vida social a la doctrina de la ’seguridad nacional’, transfiriendo los problemas sociales a la esfera de la seguridad”. Sin embargo, al autor defiende que la formulación de una agenda latinoamericana de seguridad humana es posible y necesaria (+más).

  • Charles Philippe David describe la evolución del concepto de seguridad humana y argumenta que la seguridad humana es la culminación de dos evoluciones destacables: la concreción de la voluntad internacional de injerencia, a pesar o en contra de la soberanía estatal, cuando las poblaciones están en peligro, así como la separación entre la seguridad del individuo y la del Estado. +Más
  • Ilona Szabó de Carvalho & Raphael M.C. Corrêa, coordinadora e investigador del Programa de Seguridad Humana de Viva Rio, Brasil ofrecen una perspectiva brasileña de la seguridad humana. +Más (en inglés).
  • En un monográfico de la revista CIDOB d’Afers Internacionals (núm. 76) sobre seguridad humana Karlos Pérez de Armiño escribe sobre el concepto y el uso de la seguridad humana y Jordi Urgell aborda el tema de la seguridad (humana) en Centroamérica

Comentarios

Pros y contras de “desmilitarizar” la seguridad


Escrito por Ernesto de la Jara - IDL (Perú) - 29 Febrero 2008

Sobre el debate que se viene dando acerca del concepto de “seguridad humana”, surgido hace 14 años, vinculado al concepto de desarrollo humano, me gustaría destacar 4 aspectos por las consecuencias prácticas que tienen en términos de políticas públicas sobre las fuentes de inseguridad o las amenazas contemporáneas.

El primero de ellos, ha sido mencionado por todos los que en este foro han expresado su opinión y es el primero en surgir siempre que se discute sobre seguridad humana: el planteamiento de reemplazar un concepto –el de seguridad nacional– por otro –el de seguridad humana– para de esta manera convertir en lenguaje a un cambio de enfoque con el que se quiere afirmar (de la seguridad militar de los Estados y territorios, a la seguridad integral de las personas y poblaciones), es de hecho un avance y un cambio positivo en términos conceptuales y prácticos, desde una perspectiva de vigencia de valores democráticos y de derechos humanos.

Sin embargo, con el transcurso del tiempo, se va descubriendo que ese cambio de enfoque positivo, puede conducirnos nuevamente al punto de inicio, es decir, a reforzar las concepciones y las políticas públicas de las que creíamos nos estábamos alejando. En efecto, el relacionar la seguridad con cuestiones económicas y sociales, a la vez que desmilitarizan el concepto de seguridad, pueden terminar –como de hecho ha ocurrido en varios países- militarizar el ámbito socioeconómico.

En el mismo sentido, el hecho de que -de acuerdo al concepto de seguridad humana- debe primar las personas y poblaciones por encima de los estados y los territorios, puede conducir a intervenciones humanitarias justificadas, pero también a intervenciones arbitrarias y abusivas.

Esto es lo que ha hecho que el concepto de seguridad humana esté asociado a avances, pero también a retrocesos y riesgos.

De ahí la importancia de ir llenando de contenido y desarrollando los conceptos generales que para una etapa fueron adecuados, pero que después resultan insuficientes y hasta contraproducentes.

El segundo aspecto tienen que ver con la tensión entre la importancia de crear, asumir y compartir conceptos y perspectivas universales y comunes, sin dejar de contemplar las especificidades de realidades políticas, económicas, sociales, culturales y raciales muy diferentes entre si. Las consecuencias prácticas que puede tener la relación ente seguridad y cuestiones socioeconómicas no son las mismas en los países del Norte y del Sur.

Y el tercer aspecto que, creo, falta desarrollar en general en el debate es avanzar en lo que solemos llamar “las nuevas amenazas“.

Es cierto que hoy en día los conflictos entre estados no son la única amenaza a la seguridad que hay, pero también sigue siendo una fuente importante, que explica, por ejemplo, el gasto de una gran parte de los presupuestos nacionales en armamentos para la defensa externa de muchos países pobres. Tenemos que involucar al Norte y al Sur

Muchas de las fuentes de inseguridad que son consideradas privadas pueden estar relacionadas también con los Estados y sus instituciones (el narcotráfico, por ejemplo). Reivindicaciones que pueden ser en principio legítimas, o por lo menos discutibles de carácter socioeconómico o étnico pueden derivar en actos de violencia. Hoy hay una superposición y articulación entre demandas lícitas e ilícitas, lo que hace más complejo poder hacer una diferenciación entre ellas.

Por último, aun bajo el concepto de seguridad humana, hace falta definir cuáles son las fronteras y las reglas para el uso de la fuerza y de las armas. En el ámbito exterior y especialmente el interior asumiendo cuestiones de principio y a la vez con un análisis realista del contexto contemporáneo.

La seguridad humana y la consolidación de la democracia en América Latina


Escrito por Silvia Varela - Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) - 29 Enero 2008

En América Latina, el proceso de redefinición de la seguridad, que se venía dando desde el fin de la Guerra Fría y que se aceleró a partir de los ataques terroristas del 9/11,  culminó en la Conferencia Especial sobre Seguridad, realizada en Ciudad de México en octubre de 2003.

En esta ocasión se recalcó la necesidad de desarrollar nuevos enfoques para hacer frente a las ‘nuevas amenazas’ a la seguridad humana – desde el terrorismo internacional, el tráfico de drogas y armas ilegales, la trata de personas, el lavado de dinero, la corrupción institucional y el crimen organizado, hasta la pobreza, las enfermedades y la degradación del medio ambiente.

Fue pues en esta reunión donde se definió el término “seguridad multidimensional”, que como señala Bernardo Sorj es similar al de seguridad humana, pero sin referencia a la intervención externa, y que desde entonces se tiende a utilizar como sinónimo de seguridad humana en el continente. Según la definición de la OEA, la seguridad multidimensional “contribuye a la consolidación de la paz, al desarrollo integral y a la justicia social, y se basa en valores democráticos, el respeto, la promoción y defensa de los derechos humanos, la solidaridad, la cooperación y el respeto a la soberanía nacional”.

Sin embargo, los intentos por implementar la noción de seguridad multidimensional en América Latina han tenido consecuencias paradójicas. En lugar de subrayar la necesidad de buscar alternativas al uso de las fuerzas armadas frente a las ‘nuevas amenazas’ no derivadas de conflictos inter-estatales, el concepto ha fomentado la securitización de las agendas de desarrollo, con la consiguiente militarización de las respuestas. Dicho de otra forma, al transferir cuestiones económicas y sociales al campo de la seguridad, la agenda de seguridad humana ha abierto las puertas al despliegue de los aparatos de seguridad en respuesta a problemas ajenos a la defensa.

Es natural que esta tendencia genere particular angustia en un continente donde, a lo largo del siglo XX, sucesivas dictaduras militares interrumpieron regímenes democráticos y cometieron atroces violaciones a los derechos humanos en nombre de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN). Dado que, bajo dicha doctrina, las fuerzas armadas controlaban todo el aparato de seguridad – incluida la policía – los conflictos internos, la inestabilidad y el crimen generaban respuestas militares.

Dos de las más graves secuelas que dejaron tras de sí los regímenes militares fueron la perenne debilidad de las instituciones –sobre todo los Ministerios de Defensa- y los varios grados de autonomía militar que persisten en todo el continente. Es por esto que, en la Argentina, el control civil sobre las fuerzas armadas y la clara separación entre el ámbito de la seguridad interior y el de la defensa se constituyeron como ejes clave en el proceso de consolidación de la democracia y el Estado de Derecho.

Este contexto de debilidad institucional y autonomía militar explica en parte que muchos gobiernos hayan recurrido a sus fuerzas armadas para lidiar con graves problemas internos como la intensificación del tráfico de drogas y el incremento de las tasas de criminalidad – generado en gran parte por la inmensa pobreza y desigualdad que las reformas económicas de los años 90 fueron incapaces de resolver.

El concepto de seguridad multidimensional, con su tendencia a diluir problemas de índole muy diferente en una enorme agenda que incluye todas las formas de inseguridad posibles y su falta de definición acerca de las instituciones requeridas para su implementación, crea las condiciones para legitimar el uso de las fuerzas armadas en cuestiones de seguridad interior. Por este motivo, corre el peligro de generar efectos regresivos sobre el proceso de consolidación de la democracia y el Estado de Derecho en América Latina.

Este proceso comparte los objetivos fundamentales del concepto de seguridad humana: la paz, el desarrollo y la justicia social. Sin embargo, el pasado reciente demuestra que estos objetivos no son compatibles con la lógica militar. El camino hacia la consolidación democrática en América Latina pasa por la consideración de los numerosos problemas que acechan a sus habitantes en toda su especificidad y complejidad. Tal perspectiva suele quedar notablemente reducida cuando la consolidación institucional queda subordinada a la lógica de la seguridad, aún cuando ella sea considerada desde una perspectiva multidimensional.

Silvia Varela es investigadora en el proyecto “Consolidando Límites, Construyendo Roles. Seguridad, Defensa y Fuerzas Armadas en America Latina” de CELS.